Por Alexandre Santorio · Aritta Studio

Coca-Cola: volúmenes y geometrías CGI con un acabado cercano a la ilustración.
La técnica debe ayudar a comunicar la idea. Antes de elegir entre 2D y 3D, conviene preguntarse qué tiene que entender el público, qué lenguaje visual utiliza la marca y qué se necesita mostrar. Una pieza puede combinar ambas técnicas si cada una cumple una función clara.
Cuando el lenguaje gráfico es el punto de partida
La animación 2D permite trabajar con tipografía, ilustración, iconos, formas y composiciones planas. Puede encajar cuando el mensaje se apoya en una secuencia de información, un sistema gráfico o un estilo ilustrado.
Por ejemplo, si necesitas explicar tres pasos de un servicio, la jerarquía de los textos y la transición entre escenas pueden tener más peso que la representación del espacio. Lo esencial será que el público siga la secuencia y disponga de tiempo para leer.
La sencillez visual no elimina el trabajo de diseño. Un movimiento de tipografía puede exigir decisiones muy precisas de composición, ritmo y legibilidad.
Cuando necesitas volumen y espacio
La animación 3D permite construir objetos, trabajar materiales e iluminación y mostrar una escena desde diferentes puntos de vista. Puede resultar útil cuando la forma del producto, la escala o su relación con otros elementos forman parte del mensaje.
En «¿De dónde viene tu Coca-Cola?», los elementos se construyeron con técnicas CGI. El caso describe volúmenes sencillos, geometrías limpias y un acabado cercano a la ilustración. Es un ejemplo de cómo el 3D puede conservar una estética gráfica sin buscar necesariamente realismo fotográfico.
Combinar técnicas con un criterio común
Una pieza puede integrar imagen real, grafismos y animación 3D. El reto es que composición, color y movimiento compartan una dirección visual.
La identidad On Air de Sony Entertainment Television combinó personajes reales con elementos gráficos y animación 3D. El sistema debía funcionar también en identificativos, promociones y piezas informativas. Alexandre Santorio participó en dirección de arte y diseño; el portfolio identifica por separado los responsables de rodaje, CGI, animación y postproducción.
Qué cambia en la producción
En un proyecto 2D hay que valorar el diseño de cada escena, las ilustraciones, la complejidad de las transiciones y las adaptaciones. En 3D pueden añadirse modelado, materiales, iluminación y render. Si ya existen recursos utilizables, el planteamiento puede cambiar.
No conviene decidir solo con la idea de que una técnica siempre será más económica o más rápida. La duración, el detalle, las revisiones y las versiones finales influyen en ambas. Un cambio de texto y un cambio de cámara tampoco afectan de la misma forma a todas las piezas.
Cinco preguntas para elegir
• ¿Qué debe entender la persona y en cuánto tiempo?
• ¿Necesitamos mostrar el volumen o funcionamiento de un objeto?
• ¿Qué lenguaje tiene la identidad de marca?
• ¿Qué materiales existen y cuáles hay que producir?
• ¿Qué calendario, presupuesto y adaptaciones debe respetar el proyecto?
Con esas respuestas podemos valorar un enfoque 2D, 3D o mixto. El storyboard y las pruebas de estilo permiten concretar la propuesta antes de desarrollar toda la animación.